jueves, 10 de diciembre de 2009

¿CUÁL ES EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD?


Los cristianos de todo el mundo celebramos por tradición la Noche Buena el 24 de diciembre y la Navidad el 25 de diciembre. Aunque cabe señalar que en la Biblia no encontramos que deba celebrarse el nacimiento del Salvador y que el día exacto del nacimiento de Cristo sólo Dios lo sabe.

Nosotros, los cristianos, debemos tomar estas fechas para meditar en la Palabra del Señor sobre el verdadero significado de la Navidad y pedirle a Dios una actitud correcta de corazón según su Palabra.

Sobre el nacimiento del Señor, la Biblia dice que el ángel se le apareció a José y le dijo:

  • "Hijo de David, no temas en recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". Mateo 1:20, 21.

Hace aproximadamente dos mil años, el Mesías vino a este mundo a cumplir su misión de salvar a la humanidad naciendo de una virgen según su Palabra. Muchos, en aquellos tiempos esperaban con ansia su venida. Pero habría que hacernos una pregunta hoy en día:

En estas fechas significativas... ¿Cuáles son nuestras prioridades?... ¿Los ajetreos de la Cena Navideña?... ¿los regalos?... ¿los adornos decorativos?... Mas que eso, como cristianos, debemos pensar que actitud tuvieron los magos de oriente y los pastores de Belén. Dice la Biblia lo siguiente:

  • Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Mateo 2:10,11.

La motivación principal de los magos era adorar al Salvador, gozarse por el cumplimiento de su Palabra y traerle lo más preciado de ellos, ofreciéndolo en adoración. El ángel le dijo a los pastores: "Os ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Señor" (Lucas 2:11), y junto con el ángel, repentinamente, se aparecieron multitudes de huestes celestiales que alababan a Dios y decían:

  • ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Lucas 2:14.

Amados hermanos: Que Cristo sea el centro de nuestros pensamientos y que podamos darle la mejor ofrenda, nuestras vidas. Que sobre todo, podamos postrarnos un tiempo en adoración sincera delante de su presencia. De manera que podamos darle lo mejor de nosotros y dar gracias y glorias a Él con nuestros seres queridos.

¡Que Cristo Jesús nazca en cada corazón!... ¡Que reine en cada hogar!... ¡Que Él reciba toda la alabanza!... y ¡Que haya paz y buena voluntad en los hombres!...

¡Dios los bendiga grandemente!... ¡Feliz Navidad!...

Pastor Roberto Serván
Administrador de Sitio


sábado, 13 de diciembre de 2008

EDITORIAL

Hoy en día, en un mundo en donde cada vez más proliferan las Sectas, el amor al dinero y el Post-Modernismo, es cuando nosotros los cristianos que estamos comprometidos con Cristo en predicar las Buenas Nuevas de Salvación, tenemos que tomar consciencia de lo importante que es estar preparados para presentar defenza con mansedumbre ante todo aquél que nos demande razón de nuestra fe.

Por ello, es nuestro deseo que los presentes enlaces a las diferentes páginas cristianas en español sean de mucha bendición para su vida espiritual. Les animamos a seguir estudiando la Biblia con la guía del Espíritu Santo.

¡Dios los bendiga grandemente!...

Pastor Roberto Serván.
ADMINISTRADOR DEL SITIO
robertoservan@hotmail.com

20% DE LATINOAMÉRICA ES EVANGÉLICA

Artículo de entrecristianos

Entre 60 y 75 por ciento de los protestantes latinoamericanos son pentecostales. Esa realidad ha sido puesta en una nueva perspectiva por el estudioso del pentecostalismo Donald W. Dayton, al considerar que: “Los evangélicos deben considerarse como un subgrupo de los pentecostales, en vez de a la inversa”.

En 1928 José Carlos Mariátegui escribió que el ciclo de crecimiento del protestantismo en Latinoamérica estaba agotado. Porque, consignaba en su libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, la fe protestante “no consigue penetrar en América Latina por obra de su poder espiritual, sino de sus servicios sociales”. Por el tiempo en que Mariátegui publicaba su obra, en nuestro continente los protestantes se acercaban al millón de adeptos; imperceptiblemente comenzaba a forjarse una vertiente popular del protestantismo que sí conseguiría arraigarse al atraer masivamente a millones: el pentecostalismo.

En poco menos de dos siglos el protestantismo latinoamericano ha transitado de un puñado de creyentes a una fe que aglutina millones de integrantes. Ha pasado de una creencia advenediza y vista como extranjerizante a convertirse en una expresión bien consolidada, y específica, de las múltiples formas del ser latinoamericano.

La fe protestante está cerca de cumplir dos centurias en nuestras tierras. Más precisamente es necesario escribir que, si datamos los esfuerzos de colportores bíblicos –notoriamente la epopeya de James Thomson (1788-1854)– como los primeros intentos bien organizados de propagar en Latinoamérica la lectura de la Biblia y las enseñanzas centrales del protestantismo (sola fe, sola gracia, sólo Cristo y sola Biblia), entonces podemos afirmar que es en 1818, con la llegada de Thomson a Buenos Aires, Argentina, cuando se inicia el transitar del protestantismo en América Latina.

Es necesario hacer una precisión acerca de la modalidad protestante que fue desarrollándose en nuestro continente. Al respecto es importante la observación realizada por Pablo Deiros: “La forma más característica del protestantismo latinoamericano hasta el presente es el protestantismo evangélico. Los evangélicos en América Latina pertenecen a una corriente dentro de las grandes confesiones protestantes, que está asociada con la tradición de las ‘iglesias libres’. Las iglesias libres son comunidades autónomas e independientes del Estado, es decir, no son iglesias territoriales o establecidas. La mayoría de estas instituciones eclesiásticas provinieron de Europa, se organizaron o emergieron en Estados Unidos, y llegaron a América Latina a través de la obra misionera. Tan influyentes son estas denominaciones, que ‘evangélico’ es hoy prácticamente sinónimo de ‘protestante’ en América Latina” (Protestantismo en América Latina ayer, hoy y mañana, Editorial Caribe, Miami, 1997, p. 43).

Sólo cabe subrayar que, coincidiendo con los cuatro principios clásicos del protestantismo, que ya anteriormente referimos, los evangélicos los presentan y adicionan con los siguientes componentes:

1) Un enfoque, tanto devocional como teológico, en la persona de Jesucristo, especialmente en el significado salvífico de su muerte en la cruz. 2) La identificación de la Biblia como la autoridad final en materia de espiritualidad, doctrina y ética. 3) Un énfasis en la conversión o un “nuevo nacimiento” como experiencia religiosa que produce cambio en la vida. 4) Una preocupación por compartir la fe con otros (fuerte acento en misiones), especialmente a través de la evangelización. A la luz de lo anterior cabe, entonces, decir que todo evangélico es protestante, pero no todo protestante es evangélico.

En la segunda mitad del siglo XIX se consolidan pequeños núcleos protestantes en distintos países de América Latina. Se reproducen con muchas dificultades; sin embargo, conforman, sobre todo en las capitales de las naciones más grandes, agrupaciones que transmiten un fuerte sentido de identidad minoritaria en un contexto que les negaba participación alguna en la construcción de la sociedad.

En 1900 existían cerca de 50 mil protestantes en toda Latinoamérica; un millón en 1930, 5 millones 20 años después, 10 millones en 1960, 20 millones en 1970, 50 millones una década más tarde. Se calculaba que en el año 2000 los protestantes/evangélicos rondaban los 100 millones. Hoy, cerca de finalizar la primera década del siglo XXI, Latinoamérica y el Caribe se aproximan a los 600 millones de pobladores, 20 por ciento de los cuales serían evangélicos.

Al igual que como fueron percibidos inicialmente por otros protestantes y/o evangélicos en Europa y Estados Unidos, los pentecostales en América Latina han pasado de ser considerados ajenos, y hasta contrarios, a la familia protestante para transformarse en la principal vertiente de la misma. Pero no nada más son reconocidos como integrantes del amplio abanico protestante/evangélico del continente, sino que han filtrado algunos de sus énfasis al conjunto del protestantismo latinoamericano. De tal manera, los pentecostales están reconfigurando los distintos rostros evangélicos que conviven en América Latina, para forjar un paradigma que va, como bien es señalado por Bernardo Campos, de La Reforma protestante a la pentecostalidad de la Iglesia (en el libro de mismo título, Ediciones CLAI, Quito Ecuador, 1997).

Entre 60 y 75 por ciento de los protestantes latinoamericanos son pentecostales. Esa realidad ha sido puesta en una nueva perspectiva por el estudioso del pentecostalismo Donald W. Dayton, al considerar que: “Los evangélicos deben considerarse como un subgrupo de los pentecostales, en vez de a la inversa”.

Hay que aquilatar esta realidad con todas sus fuerzas, sin dejar de sopesar sus debilidades. Pero es innegable que el protestantismo se ha latinoamericanizado, y con ello ha naturalizado una presencia antes vista como exótica.